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Con una taza de té

By 16 mayo, 2019 No Comments

Tres tazas de té

Cuando tuvieron en sus manos los boles de porcelana con té de manteca hirviendo y humeando, Haji Ali empezó a hablar:

– Si quieres prosperar en el Baltistán, debes respetar nuestras costumbres, le dijo lentamente mientras soplaba su bol.

– La primera vez que se comparte el té con un balti, eres un desconocido. La segunda vez que tomas el té, eres un invitado especial. Y la tercera vez que compartes una taza de té, pasas a ser parte de la familia. Y por nuestra familia estamos dispuestos a hacer lo que sea, hasta morir, le explicó, estrechando cariñosamente la mano de Mortenson.

– Doctor Greg, deberías dedicar un tiempo a compartir esas tres tazas de té. Es posible que seamos incultos, pero no somos tontos. Llevamos mucho tiempo viviendo y sobreviviendo aquí.

– Aquel día, Haji Ali me enseñó la lección más importante de mi vida, dijo Mortenson. Los americanos creemos que uno tiene que conseguir sus propósitos de forma inmediata. Somos el país de los almuerzos de trabajo de treinta minutos y de los entrenamientos de dos minutos. Nuestros líderes pensaban que su campaña de “terror” podría poner fin a la guerra de Irak, antes incluso de que empezara.

Sin embargo, Haji Ali me enseñó a compartir tres tazas de té, me enseñó a vivir a un ritmo más tranquilo y me mostró el verdadero valor que tienen las relaciones entre las personas. Él me hizo ver que me quedaba mucho que aprender del pueblo con el que yo trabajaba. Me enseñó más de lo que podía esperar enseñarles yo a ellos.

“Tres tazas de té” de Greg Mortenson